DE BUENOS Y MALOS POLÍTICOS
El maniqueísmo ha sido históricamente la idea de juzgar a las personas en buenas y malas. La política también ha sido proscrita de todo accionar del ser humano de a pie; sin embargo, es objeto de deseo y hasta carrera en las élites que ostentan el poder o que ayudan al que el mismo siga estando alejado de las masas populares.  Que la política es mala, que quienes se meten en política son personas que quieren medrar de ella, son algunas de las acusaciones que las personas hacen. Sin saber que hay excepeciones; líderes y personas que sin pedir nada a cambio se empecinan en luchar por una sociedad direrente . Estas expresiones recorren de boca en boca, aunque nadie sepa por qué. Estas acusaciones empero, han llegado a tener una connotación extremedamente violenta, que busca detrás una polarización de las ideas en el imaginario del pueblo. 
 
En no pocas ocasiones el discurso del presidente se ha oído un discurso violento, lleno de diatribas y epítetos contra los que él considera son sus enemigos. Politiqueros, políticos infiltrados, manipuladores y otras de mayor embergadura. como aquella que responsabiliza de todos los males a la izquierda revolucionaria. Así precisamente, en todas las instituciones del estado y la sociedad civil se maneja la idea de que hay que despolitizar, como si esto fuera un objetivo loable; así los llamados a educar al pueblo se han encargado de perseguir, amedrentar y disciplinar maestros y estudiantes para que no se les ocurra hacer política. Hablan también del cese de la huelga y el paro sin tampoco explicar cuáles han sido los logros históricos de lo que ellos llaman caos.

La escuela en teoría busca una sociedad sin racismo, no obstante, el que los indígenas o cualquier persona del pueblo haga política pareciera darle la autorización al poder de utilizar ideas racistas. es porque son indígenas y tienen una agenda política que se los debe llamar indios, consecuentemente bajo esta lógica, se los reprime, amenaza, se los somete al escarnio público, y cuando ha llegado a situaciones más extremas; se usa la confrontación física. 
En innumerables ocasiones empero, se ha llamado a indígenas a sentarse o a marchar del lado oficialista, sin  siquiera estar conscientes de lo que acarrea su presencia en el imaginario de la lucha social y las connotaciones y consecuencias que tiene para el país.

Acarreados por dirigentes oportunistas que se han pasado a la idea de buen vivir basada en la lógica Correista. Esta clase política es la que el Presidente considera ser los buenos. Sin lugar a dudas, el estar del lado oficialista, el de los buenos, bajo la lógica Correista, les da el derecho de manejar exorbitantes recursos, utilizar los canales de comunicación del estado, burlarse de la carta magna, al cual su jefe y todos los miembros de la corte de honor irrespetan una y otra vez e interpretan según su conveniencia.

Miebros de esta casta , son aquellos maestros que tienen el permiso para salir en horas de clase a marchar, asistir a reuniones y hasta acudir a la Asamblea, lo son los estudiantes que defienden su proyecto educativo, sin saber aún los intereses que hay detrás de ellos, sin querer que los estudiantes abran un debate acerca de las consecuencias de las políticas, o siquiera que les llame la atención el ser utilizados como conejillos de indias de los tecnócratas ministeriales, por no decir los alquimistas sociales enquistados en los ministerios son también el grupo de empleados que consideran que porque el jefe está en el poder, tienen el derecho de creer que estado, gobierno y sociedad no difieren. Funcionarios de media casta que creen que el estar del lado del poder y a él deberle su cargo y por su puesto su salario tienen el derecho para hablar casi en nombre del partido oficialista, cuando de asuntos del  estado se trata y viceversa.

Son practicamente militantes en funciones; saben claramente que cuando su jefe caiga, con el caerá todo un aparataje de presión , chantaje y represión, y por eso no han dudado en poner su contingente, y cuando la ocasión lo amerite en tender la alfombra los más cerca posible para hacer los méritos. Ejemplos hay por decenas en todos los ministerios y dependencias, como el de la rectora que en uso de su poder de coordinadora de un pseudogremio, obliga a los docentes vía comunicados circulares a llenar el estadio , para aplaudir a su majestad, sabido es que los trabajadores tienen que llevar gente a las señaladas “contramarchas”,


Mucha gente dice que la política es complicada, de hecho lo es, pero tiene un objetivo altruista, el diccionario de la RAE dice que política es el arte de servir, pregunto, si ¿toda esta serie de funcionarios sirve o se sirve del puesto? No, para ellos la política es su modus vivendi, la manera de amasar dinero y poder, de vender la conciencia del pueblo, de someterlo; por eso les molesta cuando la gente de a pie reclama derechos, Son ellos mismos lo que se encargan de vender una serie de patrañas como: la política es sucia, no te metas en problemas, o peor aún le apuestan al arribismo, que en palabras de Bertold Bretch es la que prostituye a la política, vendiéndola al mejor postor, en eso se han convertido una serie de funcionarios que con su acción legitiman las inequidades, las injusticias y los atropellos cometidos contra un pueblo soñador, que ha sumido para sí la causa de hacer nuestra patria cada día más grande, más allá de la gloria y el castigo que los actuales emperadores les hayan conminado.
Y, por último, si vivimos en un mundo democrático, si hoy en educación luchamos por una ciudadanía universal, por saber de temas que van más allá de nuestro alcance, ¿por qué no empezar casa adentro?, ¿ por qué no permitir el derecho de organización de los jóvenes y las personas? La respuesta a esta interrogante es clara. No tenemos el derecho de hacer política porque va en contra de sus intereses y sus amarres políticos, está prohibido porque hace temblar sus privilegios. Así que mientras exista este tipo de injusticias, seguiremos habiendo políticos buenos y malos, sin embargo, no nos interesa el calificativo que nos ponga el poder, sino como nos miren los de abajo, y si los de abajo consideran que estamos haciendo las cosas bien, será motivo suficiente para continuar nuestra lucha.

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